El grupo - Revista El Leoncito

Experiencias de un empresario

Buenas noches. Agradezco a la Asociación de Egresados de la Pontifi cia Universidad Católica Madre y Maestra por invitarme a compartir con ustedes algunas experiencias profesionales y personales. Acudo gustoso con el deseo de que este diálogo pueda ser de provecho para las personas que gentilmente han asistido a esta cita.

Siento especial agrado de estar aquí por la estrecha relación personal y profesional que hemos desarrollado con esta universidad a lo largo de muchos años.

Tuve el honor de ser profesor de la entonces incipiente asignatura de Mercadeo –de 1962 a 1964–, época en que no había disponibles textos en español sobre esta materia y junto a mi esposa traducíamos del inglés capítulos completos de libros para apoyar la labor docente. Años después fui miembro de la junta de directores de esta universidad.

Además, muchos profesionales que laboran en nuestras empresas provienen de la PUCMM, enalteciendo con su quehacer diario la formación aquí recibida.

En otro orden, el Grupo León Jimenes ha contribuido al desarrollo de las instalaciones físicas de la PUCMM, y conjuntamente hemos desarrollado importantes proyectos en las áreas de medioambiente, educación y desarrollo comunitario.

Las vivencias que compartiremos se entrelazan con la historia centenaria del Grupo León Jimenes y de nuestra familia que tiene sus raíces precisamente aquí, en la provincia de Santiago.

En cincuenta años de labor en las empresas del Grupo, he tenido la oportunidad y el privilegio de ser testigo y partícipe de grandes cambios a lo largo de su historia.

Ese siglo de gestiones empresariales comenzó a desarrollarse en una extensión de ochenta tareas de tierra cultivadas de tabaco por nuestro padre, Eduardo León Jimenes, en la comunidad de Don Pedro, Guazumal.

La Aurora empleaba en sus inicios, en 1903, apenas seis empleados; hoy en día, las empresas de nuestra familia emplean a cerca de siete mil personas de manera directa y generan más de cien mil empleos indirectos. Hemos tenido la satisfacción de ver una pequeña fábrica de cigarros convertida en el consorcio industrial más admirado del país. Manteniendo el negocio original de cigarros de larga tradición, desde hace 25 años incursionamos en la industria cervecera y también como familia en otros negocios, como una imprenta y posteriormente en la banca.

Al revisar más de cien años de gestiones, tenemos razones para sentirnos orgullosos por los logros que nos hacen sentirnos bendecidos y han sido posibles gracias a nuestro equipo de trabajo. Sin embargo, nunca dejaremos de luchar por metas más altas, fieles a una fi losofía empresarial de superación continua.

Para desarrollar una trayectoria empresarial exitosa ha sido vital una verdadera unión familiar, partir de una comunión de propósitos y de una visión compartida en nuestras gestiones empresariales y sociales y fomentar entre todos: el amor, el respeto, el respaldo y la confianza.

Esta unión nos ha permitido diversifi car y fortalecer nuestros negocios, primeramente en el país, y luego incursionando con nuestros productos en los mercados extranjeros, contribuyendo a que la República Dominicana sea el país número uno en exportaciones de cigarros a Estados Unidos y uno de los tres primeros de América Latina en exportaciones de cerveza a ese país. Estas realidades nos permiten visualizar con optimismo el futuro globalizado de la economía mundial.

Recientemente un diario de La Florida, el Sun Sentinel, hizo una encuesta entre los lectores de su sitio web sobre cuál es su marca favorita de cerveza importada. El resultado, como empresa y como dominicanos, nos hace sentir felices, pues Presidente ocupó el primer lugar entre las preferencias, por encima de otras marcas mundialmente reconocidas.

De igual forma, año tras año nuestras marcas ocupan posiciones distinguidas entre los 25 mejores cigarros del mundo, según el ranking de la prestigiosa revista Cigar Aficionado.

A futuro, el Grupo León Jimenes va a seguir demostrando su confianza en el país, invirtiendo capital para poder crear más y mejores empleos en gestiones empresariales que puedan servir a los dominicanos como se merecen, con productos y servicios de calidad internacional que satisfagan sus necesidades.

Potenciaremos nuestro desarrollo integrando nuevas líneas de productos al portafolio de marcas presente. Unida a la diversificación, ampliaremos la presencia de nuestros productos tradicionales en nuevos mercados.

En pocas palabras he resumido de dónde venimos, esbozado una foto del presente y dado una pista de hacia dónde vamos.

Nuestra organización siempre se ha caracterizado por fomentar relaciones de gran respeto, solidaridad y afecto.

La clave de nuestro crecimiento es la misma a través del tiempo. Se sustenta en un compromiso inquebrantable, transmitido de una generación a otra, con cuatro principios fundamentales que rigen nuestras actividades empresariales.

Apoyados en estos principios que nos legaron nuestros padres, hemos logrado ser un ente activo de trascendencia en la vida nacional. Tanto como industria, satisfaciendo las necesidades de consumidores nacionales e internacionales con productos de calidad, como apoyando de manera constante iniciativas culturales, medioambientales, deportivas y comunitarias, producto de un firme compromiso con el futuro de nuestra nación.

Estos pilares que guían nuestro accionar me permiten organizar la exposición de las experiencias que deseo compartir con todos ustedes y que espero sean de utilidad en diferentes esferas de sus vidas.

El primero de nuestros principios es la valoración de todas y cada una de las personas que hoy nos acompañan y de quienes nos han acompañado a lo largo de nuestra trayectoria en el cumplimiento de la visión y la misión de la empresa.

Hoy como ayer, nuestro principal activo es nuestra gente, nuestros recursos humanos. En atención a ello, reclutamos con atención a personas con talento y potencial de progreso que capacitamos y desarrollamos, permanentemente. Como bien dijera el empresario norteamericano Andrew Carnegie: “Uno de los mayores secretos del éxito en cualquier empresa consiste no en hacer uno mismo la tarea, sino en reconocer a la persona apropiada para realizarla”. A lo que yo agregaría: “y contribuir al crecimiento de sus habilidades y competencias”.

De igual forma, cuidamos la existencia de un clima laboral de respeto y armonía que favorezca el crecimiento y la creatividad individual y de equipo.

Esto, junto a un plan de compensación competitivo, nos ha permitido retener a técnicos y profesionales de los mejores del país y operar ininterrumpidamente sin haber enfrentado nunca ni siquiera un asomo de conflicto laboral.

Nuestra organización siempre se ha caracterizado por fomentar relaciones de gran respeto, solidaridad y afecto. La nuestra fue la primera empresa privada en la que se formó un sindicato, la primera en negociar con los empleados beneficios particulares que se recogieron en la firma de un pacto colectivo en 1957, y la primera en establecer un plan de pensión para los trabajadores en 1968.<

Todos estos logros y nuestra política de recursos humanos a través de la historia de la compañía responden a una visión de largo plazo del personal que explica por qué en un consorcio de miles de empleados, por encima del treinta por ciento tiene más de diez años de antigüedad.

Para desarrollar una trayectoria empresarial exitosa ha sido vital una verdadera unión familiar.

Asimismo, según una encuesta de la revista Mercado, la nuestra es la empresa donde más personas desean laborar. Muestra de ello es que cada año recibimos más de 40,000 solicitudes de empleo. Esta distinción del mercado laboral nos llena de satisfacción y vigoriza nuestro compromiso con el personal.

Claramente, los logros de una empresa dependen de su capital humano. De que día tras día cada uno de sus integrantes aporte su mejor esfuerzo y lo haga con alegría, con una entrega genuina. De que se desafíen a sí mismos para alcanzar metas siempre más altas. Si así lo hacen, quedará evidenciado en los resultados del negocio.

En la carrera del triunfo, la garantía y la velocidad están en la actitud. En la pasión que nos impulsa a hacer las cosas siempre lo mejor posible. Tanto para las tareas sencillas como para las complejas, no puede faltar el impulso vital que nos lleva a lo más alto y esto sólo se encuentra en el interior de cada uno. Hay que recordar siempre que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.

Estoy convencido del valor que añade cada persona con su forma particular de ser, su dedicación y su compromiso al establecer una relación con un cliente, con un consumidor, con un colega.

Los valores, la misión y la visión de una empresa no son más que palabras al viento si la gente que la compone no hace vivos esos planteamientos, si no se demuestran en los hechos. La cultura de una organización es lo que hacemos, no lo que decimos. Lo decimos para recordarlo, para que nos sirva de guía y de inspiración. Lo decimos incluso para comprometernos de lleno con la palabra dada. Lo definitivo es que los proyectos son la gente, las organizaciones son la gente, los países son la gente. Es la gente la que determina la forma y medida de lo posible. Por eso, el desarrollo de las personas es de vital importancia, como un valor en sí mismo y como una condición indispensable para el crecimiento organizacional y el fortalecimiento institucional.

La clave de nuestro crecimiento se sustenta en un compromiso inquebrantable, transmitido de una generación a otra.

Yo comencé mi carrera en la empresa en el área de ventas, para luego crear el Departamento de Mercadeo y de ahí pasar al plano administrativo. Tuve la oportunidad de viajar por todo el país y acumular experiencias y relaciones maravillosas que han sido de gran valía en mi vida.

Justamente, si me preguntaran qué ha sido lo más importante en medio siglo de labor, no tendría la menor duda en responder que han sido las relaciones desarrolladas a través de los años con personas muy valiosas en todos los ámbitos, independientemente de su clase social, su formación académica o su lugar de origen.

Nuestro segundo principio apela también a las relaciones humanas, esta vez en la forma de hacer negocios.

Cultivamos relaciones de mutuo beneficio en las que ambas partes puedan exhibir un logro. Esta lección de la importancia de ganar-ganar nos la legó nuestro padre, y marca nuestros vínculos de negocios con nuestros proveedores, clientes y consumidores en todas las comunidades en las que estamos presentes.

El éxito de un negocio se basa en relaciones ganarganar para todas las partes. Decía mi padre que si en un acuerdo alguien pierde, a la larga todos pierden, porque sin un beneficio recíproco no se desarrollan relaciones de largo plazo.<

Como he afirmado antes, estoy convencido de que toda relación comercial o profesional es, primero y antes que nada, una relación entre personas. El respeto, la calidez y la sinceridad siempre se aprecian e inspiran a ser correspondidos de igual forma. La prisa no es excusa para la descortesía, para ofrecer a nadie un trato desinteresado o impaciente, y mucho menos al cliente.

No basta con tener productos competitivos, es necesario, además, desarrollar una lealtad y una confianza de doble vía sobre la base de la transparencia y la responsabilidad. El vínculo personal es a la vez lo más antiguo y lo más moderno de las relaciones comerciales. Puede y debe fortalecerse con cada contacto, evitando a toda costa echar por la borda lo que a veces toma años construir.

La vocación de servicio como base para generar valor debe enfocarse también hacia el consumidor. A través de su trayectoria, el Grupo León Jimenes ha sido capaz de construir marcas importantes, la cuales han conseguido el privilegio de que los consumidores, con su preferencia a través del tiempo, las hayan convertido en líderes en sus diferentes categorías.

Nuestro reto permanente es el saber identificar y responder a las necesidades de los consumidores, conocer a fondo sus gustos y preferencias y saber qué tan completa es la satisfacción que nuestras marcas les brindan. Nos avocamos a reconocer las nuevas oportunidades, sin descuidar el mercado conquistado por un determinado producto.

<Nuestro tercer principio es el estricto cumplimiento de todas y cada una de las obligaciones legales y las reglamentaciones que impactan nuestros negocios.

Esta norma la hemos seguido siempre, cumpliendo fielmente todas y cada una de nuestras obligaciones financieras y contributivas, porque entendemos que esa es la conducta que todo ciudadano, individual o corporativo, debe observar.

Nuestras empresas, a través de los productos que brindan a los consumidores dominicanos, son responsables de un porcentaje significativo de los impuestos que recauda el Estado.

Seguiremos apegados a este principio de cumplir a cabalidad con lo establecido por el bien nacional. Incluso vamos más allá a la hora de hacer lo correcto. Por ejemplo, en el caso de promover el consumo responsable de bebidas con alcohol y evitar el acceso de los menores de edad a este tipo de productos, nuestro Código de Autorregulación es más estricto que la legislación en cuanto a la promoción, mercadeo y comercialización de cerveza, tomando en cuenta los riesgos que entraña su consumo excesivo.

Nuestro cuarto principio es el firme compromiso con la nación que nos ha hecho una empresa líder al preferir nuestros productos. Entendemos que es la obligación de toda persona o empresa retribuir beneficios a la comunidad que le ha permitido triunfar. En atención a ello asumimos el compromiso de trabajar por una mejor nación al dedicarnos, además de a nuestras gestiones comerciales, a la promoción del arte, la cultura, el deporte, la conservación del medio ambiente y el desarrollo comunitario.

A través de los años, nuestra participación en proyectos en estas áreas ha sido permanente y diversa. No es el objetivo de este encuentro abundar en este tipo de iniciativas, sin embargo, hay dos en particular que, en términos personales e institucionales, quiero destacar: el Centro León y la emisora de radio Raíces.

Estas iniciativas nos llenan de entusiasmo y, convencidos de sus aportes al país, les dedicamos mucho tiempo y recursos, porque nos ayudan a cumplir con un propósito de vida coherente con un pensamiento del escritor norteamericano James Doolittle, quien afirmaba que: “Estamos en este mundo con un propósito y es el de transformarlo en un lugar mejor. Por lo tanto, queremos ser miembros activos de la sociedad. Si el mundo, como resultado de nuestro paso, llega a ser un lugar mejor del que era antes de que llegáramos, entonces habremos cumplido con nuestro destino”. Cada día, con esta idea como norte, trato de cumplir el mío.<

Nos proponemos ayudar al conjunto de la cultura como una manera de hermanar los nexos de la identidad nacional, tan importantes para nuestro modo de apreciar los valores natos del pueblo dominicano. Creemos que ello nos lleva a hacer más humano y habitable nuestro entorno. Ese es el objetivo de nuestra política cultural.

Hemos desarrollado nuestro compromiso empresarial y familiar bajo la concepción de que debemos encabezar instituciones visionarias y destacables por su transparencia y por la conciencia de su responsabilidad social.

Nuestro mayor anhelo es hacer viva aquella frase de Cristo: “Por sus hechos los conoceréis”, y para ello hemos de continuar el grato esfuerzo de acrecentar nuestros aportes a la cultura dominicana y al país que tanto amamos.

Los cuatro principios que he presentado son producto de las enseñanzas de mis padres y de mi tío Herminio, quienes supieron inculcarnos las lecciones que han guiado el comportamiento empresarial de sus descendientes y nos han servido de preceptos en cada una de las actividades profesionales y personales en las que tenemos un rol que cumplir.

Estos principios son también la pauta para las relaciones que establecemos con la sociedad dominicana y con las sociedades de otros mercados en los que incursionamos. Atesoramos las enseñanzas de nuestra familia y reconocemos que la primera escuela que todos tenemos es el hogar.

Para las empresas del Grupo León Jimenes, la fórmula del liderazgo consiste en brindar excelencia y calidad de productos, fomentar una cultura de servicio al cliente y contar con los más recientes conocimientos sobre el desarrollo de los mercados, todo ello gracias a un capital humano capacitado y comprometido.

Lo más importante para alcanzar el éxito es sentir pasión por aquello que realizamos.

Por ello, aprovecho la ocasión para ofrecer un consejo: si alguien no siente pasión por la gestión que desempeña, si se cuestiona en las mañanas por qué va a trabajar, entonces, para bien no sólo de la institución donde labora, sino de sí mismo, es mejor que busque una actividad por la que pueda sentir verdadero entusiasmo. Sólo quienes viven apasionados por lo que hacen pueden soñar con mayores logros a futuro.

Esto lo aprendí hace muchos años de mi tío Herminio, quien decía algo que nos ha servido de lección a todos: “Cuando no puedas abrir las puertas del almacén con el mismo entusiasmo del primer día, mejor déjalas cerradas”.

Perder la ilusión es perder lo esencial de la juventud, el verdor del espíritu y del ánimo.

Hay una frase muy sabia que recoge este sentir: “una persona no es vieja hasta que el arrepentimiento por lo no realizado comience a ocupar el lugar de los sueños”. No permitamos que eso nos pase nunca.

El amor por lo que hacemos es la fuerza más poderosa que cualquier entidad puede tener. Sin pasión, el Grupo León Jimenes sería una empresa de fabricantes y vendedores de productos en la que predominaría el ejercicio mecánico de tomar órdenes y entregarlas. No se apreciarían los niveles de compromiso que caracterizan a nuestra gente, fieles a los mejores intereses de la compañía y siempre atentos a lo que nos pide el mercado.

Lo que marca la diferencia es el amor por el trabajo, la pasión para asumirlo y la humildad para ejercerlo. El éxito no se trata de la posición alcanzada sino del mérito, del esfuerzo, de la forma de lograrlo y del uso que se le da.

Aquellos que hayan tenido la oportunidad de visitar el Centro León, quizá recuerden un pensamiento escrito a la entrada: “de nuestros padres aprendimos que no hay límites ni barreras que no puedan ser superados si se realiza un trabajo capaz, perseverante y honrado”.

Creo fervientemente en esto, he podido aprender que la vida no es solo un don, es también tarea, y como nos enseña la Biblia los talentos recibidos son para ponerlos a rendir y a fructificar en beneficio nuestro y de los demás.

Atesoramos las enseñanzas de nuestra familia y reconocemos que la primera escuela que todos tenemos es el hogar.

Para entregarse a la faena, un día tras otro, a lo largo de los años, hay que vivir inspirados, motivados. Es esa energía la que nos lleva a ser conscientes de nuestras habilidades y a tratar de desarrollarlas; es lo que nos impulsa a perseguir nuestros sueños, a aceptar los desafíos y a no temer ante los cambios. Es también lo que nos permite ser tolerantes, escuchar los puntos de vista de los demás y estar abiertos a aprender de ellos.

Es importante que en el trabajo nos sintamos motivados, vinculados, útiles, estimulados y competentes, pues lo laboral ocupa un lugar preponderante en nuestra vida y en la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Ser parte de una cultura de logro fortalece el carácter y compromete a ser mejor ciudadano, a ser mejor persona, porque se tiene la certeza de que se puede hacer las cosas bien, se sabe cómo y se experimenta la honda satisfacción que produce.

La excelencia es la base de la imagen y de la reputación de las organizaciones. Y ¿de qué se compone la excelencia? De la calidad de su gente, de sus productos y servicios, de la responsabilidad social, de un comportamiento ético, éxito financiero y de un buen ambiente de trabajo.

Como ven, es un círculo, insisto, el círculo ganar-ganar. Una buena reputación impacta el valor de las acciones de un negocio, conquista clientes e inversionistas, produce orgullo en los empleados y atrae a la mejor gente. Se crea una cultura de triunfo basándose en la entrega, la integridad, el dinamismo, los logros que de ahí resultan. Es una cultura donde todos creen, aportan y ganan.

Ejemplo del impacto de la imagen bien ganada en el resultado de los negocios es el éxito de la reciente colo- cación de bonos de la Cervecería Nacional Dominicana en el mercado nacional de valores. Esperábamos una buena acogida, pero la respuesta de los inversionistas superó nuestras mejores expectativas al agotarse el 80% en los dos primeros días de oferta.

Antes de concluir, deseo compartir con ustedes algunas ideas adicionales que he podido extraer como enseñanzas de mi paso por el mundo. Un aprendizaje que, unido a lo anterior que he expresado, ha forjado y dotado de significado mi existencia.

Ante todo, tener fe en Dios y honrar con nuestros actos esa fe. Vivir con una actitud permanente de agradecimiento y valorar la vida, la familia, la amistad y desarrollar una identificación solidaria con una comunidad.

Esto es lo que nos impulsa a seguir creciendo, a ampliar nuestros horizontes y a emprender nuevos proyectos. Realmente no importa cuánto dure la vida, lo trascendente es lo que hacemos con ella.

Es imposible vivir sin cometer errores o enfrentar fracasos, enfermedades, decepciones y tristezas. Lo importante es cómo se reacciona ante cada eventualidad. Todas las batallas que libramos sirven para enseñarnos algo, lo importante es nuestra disposición para asimilar las experiencias, para sembrar y crecer.

Se crece cuando abrimos caminos y dejamos huellas. Se crece ayudando a nuestros semejantes, sintiendo la satisfacción de dar… con discreción y sin ostentaciones. Las personas olvidarán lo que dices, lo que hiciste, pero jamás cómo les hiciste sentir.

Se crece al desarrollar la alegría como una actitud ante la vida para luego contagiarla a los demás.

Ser parte de una cultura de logro fortalece el carácter y compromete a ser mejor ciudadano.

Para sentir felicidad hay que mantener el corazón libre de odio, de envidia y de maldad. Hay que conocerse a uno mismo, con sus limitaciones y defectos, pero también con sus riquezas.

Algo sencillo pero importante es tratar de ser accesibles. Esto nos convierte en mejores seres humanos. Hay un aprendizaje enorme que solo lo obtendremos si dejamos las puertas abiertas para escuchar. Dijo sir Robert Frost que “hasta un reloj parado tiene razón dos veces al día”, cuanto más toda persona a nuestro alrededor.

Finalmente quiero exhortarles a dar al dinero su justo lugar, pues si bien tiene un valor por las cosas que permite adquirir, a menudo hay que hacer un alto y revisar si estamos poniendo en riesgo aquellas cosas que el dinero no compra y que son las verdaderamente esenciales.

Les agradezco su atención, ha sido una gran distinción dirigirme a un grupo de profesionales que de acuerdo a sus habilidades y posibilidades trabajan, como lo hacemos nosotros, por un mejor futuro de justicia, igualdad, transparencia, seguridad y bienestar para todos los que hemos tenido la dicha de haber nacido en esta hermosa tierra bendecida por Dios.

Muchas gracias.

Ser parte de una cultura de logro fortalece el carácter y compromete a ser mejor ciudadano.

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