Economia - Revista El Leoncito

Transformar la crisis en oportunidad

Como consecuencia de las alzas continuas del petróleo y las preocupantes señales de recesión enviadas por la economía norteamericana. Desde entonces, la situación se ha agravado, al incorporarse nuevos elementos de inquietud al panorama mundial con inevitables reflejos en el escenario local, originando reiteradas voces de alerta de otros calificados economistas que coinciden en que nos esperan tiempos difíciles.

Sin duda, el factor negativo de mayor incidencia que enfrentamos son las galopantes alzas del petróleo. Cada día el precio del crudo desplaza al del anterior y supera barreras que ni siquiera los más entendidos expertos de ese mercado eran capaces de imaginar. ¿En qué tramo de su desenfrenada carrera detendrá su marcha ascendente? Es un pronóstico que ya pocos se atreven a aventurar.

El alza del petróleo ha trastornado y obligado a replantear la economía mundial. Ya la ONU ha adelantado que será muy difícil alcanzar la meta propuesta, una de las más importantes del milenio, de reducir en un 50 por ciento la pobreza para el año 2015. Para los países en desarrollo, importadores de combus- Por Mario Rivadulla Transformar la crisis en oportunidad Ilustraciones: Kilia Llano el leoncitO 27 tibles fósiles, el precio del crudo se ha convertido en una especie de dogal o camisa de fuerza cada vez más asfixiante. En nuestro caso, si no rebasa los 140 dólares por barril y se mantienen los actuales niveles de consumo, la factura petrolera pudiera llegar este año a los cinco mil millones de dólares. La cifra equivaldría a una vez y media la totalidad de las remesas que enviaron los dominicanos ausentes en 2007, desde una docena de países, principalmente Estados Unidos, España y Puerto Rico.

Si bien es cierto que formamos parte del acuerdo con Petrocaribe, es conveniente insistir que el mismo no constituye una solución, ya que sus beneficios se limitan a facilidades crediticias que se van acumulando, crecen en la medida en que lo hace el precio del crudo, y aumentan nuestra deuda externa que estamos obligados a honrar.

Es obvio que frente a tan inquietante panorama energético, el país precisa una urgente política en este campo. Medidas urgentes de austeridad y el fomento de una cultura social de ahorro, tanto en el sector público como privado, y de transferencia hacia el uso de combustibles de más bajo costo, como la anunciada conversión de vehículos a gas natural, deben ir acompañadas de una estrategia de larga data agilizando la ejecución de los diferentes proyectos de energía alternativa a partir de agua, sol, viento y aprovechamiento de tierras no aptas para cultivos alimentarios, que contribuyan de manera efectiva a reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles que no producimos.

La marcha actual de la economía de los Estados Unidos constituye otro factor de gran incidencia negativa. El desplome del mercado inmobiliario, que llega hasta el punto de colocar en estado de ejecución hipotecaria hasta ocho mil viviendas por día; las cuantiosas pérdidas reportadas por los bancos que pudieran sobrepasar los 200,000 millones de dólares; la quiebra de grandes corporaciones como Bear Stearn y Citigroup, consideradas tradicionales íconos de fortaleza y estabilidad; el cierre de plantas industriales y negocios, con el consiguiente despido de millares de trabajadores; el alza del costo de la vida y la pérdida de valor del dólar, son señales evidentes de una seria crisis que proyecta sus efectos en el plano mundial y nos toca muy de cerca.

En cuanto estos efectos gravitan sobre el país, debemos tomar en cuenta que no se trata solo de nuestro principal socio comercial con el cual efectuamos las cuatro quintas partes de nuestro intercambio exterior. La industria turística nacional se nutre en buena medida de una cantidad creciente de visitantes norteamericanos que constituyen, además, el segmento que por lo general realiza el mayor gasto local. Estados Unidos es también la principal fuente de remesas que recibimos del exterior. Estos aportes, tanto como el flujo de turistas, pudieran verse significativamente disminuidos en el futuro próximo A nuestro país se le atribuye la oportunidad y el potencial de convertirse en el “granero del Caribe”. debido a las circunstancias apuntadas.

La crisis alimentaría tiene dos vertientes: carestía y encarecimiento. La primera, afortunadamente, no parece que pudiera afectarnos. De hecho, las estimaciones de la FAO y el Banco Mundial nos excluyen de la lista de una treintena de países amenazados de hambruna, entre los que figura Haití. Esto último nos origina, en cambio, una situación que merece especial consideración por la sobrepresión demográfica que pudiera originar sobre nuestra vulnerable frontera.

El temor a la crisis ha colocado el interés del país de cara al campo. No solo se considera que estamos en capacidad de autoabastecer la mayor parte de la canasta alimentaria básica con productos de nuestro agro, garantizando una 28 el leoncitO seguridad alimentaria que nunca debió ser sustituida por una poco visionaria política de importaciones crecientes para aprovechar coyunturalmente las llamadas “ventajas competitivas”, ofrecidas por países con agricultura fuertemente subsidiada con sacrificio de los productores nacionales. Se nos atribuye también la oportunidad y el potencial de convertirnos en el “granero del Caribe”, lo que nos permitiría aumentar nuestras exportaciones contribuyendo a paliar los requerimientos nutricionales y, por ende, a la paz social en países de la región de débil agricultura. Está demás decir que la prioridad en este sentido le correspondería a nuestra muy amenazada contraparte isleña.

Nuestro país es el mejor posicionado para lograr incrementar sus exportaciones ante la crisis alimentaria.

Lograr los objetivos de proveer adecuadamente tanto el mercado local como los vecinos estará en razón directa con nuestra capacidad para desarrollar a plenitud el potencial agropecuario nacional, incorporando tierras ociosas a la producción, desterrando métodos obsoletos de cultivo y mediante el empleo de tecnología avanzada que permita incrementar la productividad en todos los niveles. Lideres del sector y reconocidos productores advierten, sin embargo, que será preciso contar con una política gubernamental de amplio respaldo a los cosecheros, liberándolos de onerosas cargas tributarias, ofreciéndoles facilidades de crédito en condiciones blandas, agilizando las obras de infraestructura rural y subsidiándoles los fertilizantes, pesticidas y demás insumos afectados por los altos costos del mercado internacional.

Los precios de los alimentos constituyen la otra cara de la historia que ha provocado un alza general del costo de la vida en el plano mundial. En semanas recientes, la FAO dio a conocer que, en promedio, los aceites comestibles han sufrido un incremento de un 60 por ciento, un 41 los cereales y un 83 los productos lácteos. La tendencia al alza es creciente, pero sobre todo sostenida. Las estimaciones más optimistas de algunos analistas pronostican que los precios se mantendrán en nivel alto los próximos dos a tres años; otros expertos, en cambio, tienen una apreciación mucho más pesimista y consideran que podrían mantenerse todo el próximo decenio.

La mayoría de los analistas y organismos internacionales coinciden en atribuir gran parte de la responsabilidad, tanto de las alzas de los alimentos como de los insumos agrícolas, el acero y otras materias primas, al notable incremento de la demanda de China continental y la India, las dos economías emergentes más grandes y de mayor crecimiento del mundo, que juntas agrupan el cuarenta por ciento de los seis mil millones de habitantes que pueblan el planeta. Otros magnifican el uso de tierras aptas para cultivos alimentarios y el empleo creciente de rubros como el maíz en la producción de etanol como factores de mayor incidencia.

Todos los elementos apuntados conforman el complejo marco de dificultades y retos en que habrá de desenvolverse nuestro futuro, cuya duración no podemos prever, que por su naturaleza externa resultan ajenos a nuestra capacidad de decisión, pero frente a los cuales tenemos que adoptar de inmediato las medidas más eficaces para minimizar sus efectos, seguir trabajando en la superación de nuestros males locales y avanzando en el camino del progreso.

De inmediato y con carácter de urgencia, será preciso adoptar medidas de emergencia en el campo energético y en la producción agropecuaria de alimentos para la canasta familiar a precios accesibles. Ampliar los programas sociales y mantener focalizadas medidas que vayan en alivio de los sectores más carenciados y vulnerables de la población, tanto por razones humanitarias y solidarias, como por evitar estallidos sociales que podrían comprometer la propia gobernabilidad. Paralelamente a estos apremios, dar ejecución a la agenda nacional necesaria, prometida y esperada.

Reducir el gasto público y mantener una estricta disciplina fiscal, preferiblemente bajo firma con el FMI. Conservar la estabilidad macroeconómica. Mantener controlada la inflación en un dígito. Bajar el costo de la vida. Alentar, dar garantías y facilidades a la inversión, tanto extranjera como nativa, para seguir haciendo crecer la economía y crear nuevas plazas de trabajo. Incrementar las exportaciones tradicionales y no tradicionales. Seguir apoyando el turismo y la recuperación de las zonas francas. Aliviar en lo posible las cargas impositivas que no afecten el desempeño presupuestario en áreas vitales. Despolitizar progresivamente la educación y la salud, otorgarles mayores fondos y mejorarlas significativamente. Seguir reduciendo la brecha digital y ampliando el uso de la computadora y popularizando el empleo de las herramientas que facilitan el conocimiento tecnológico. Agilizar la preparación de profesionales y técnicos medios que requiere el mercado laboral. Proteger los recursos naturales, en particular las fuentes acuíferas, y adoptar cuantas disposiciones sean convenientes para prevenir y enfrentar los efectos del “calentamiento global”. Profundizar las reformas en la Administración de Justicia y elevar el nivel de transparencia y adecentamiento del ejercicio político. Definir una correcta política migratoria sobre la base del interés nacional y con estricto respeto a los derechos humanos. Elevar los niveles de seguridad ciudadana a través de una estrategia adecuada de prevención y lucha contra la criminalidad, y en particular el narcotráfico.

Tales son algunos de los principales requerimientos de una agenda no excluyente que conforma un amplio programa de trabajo cuya ejecución, por las razones obvias apuntadas, exigirá un mayor esfuerzo, colectivo más que de solo el Gobierno, inteligente y sostenido. Esto plantea, con más apremio que antes, la conveniencia de arribar a un amplio pacto social de todos los sectores económicos, sociales y, naturalmente, políticos.

La milenaria y sutil sabiduría china, en la simbología de su escritura, representa el término “crisis” con el signo de “oportunidad”. En nuestro escenario latinoamericano y lenguaje occidental, el secretario general de la OEA, José María Insulza, considera que la crisis alimentaria abre para los países de este lado del mundo la posibilidad de incrementar sus exportaciones en ese campo. En el ámbito caribeño, nuestro país es el mejor posicionado para lograrlo. Todo radica en que seamos capaces de transformar la crisis en oportunidad. El desafío está planteado.

leoncito-may-ago-08/img-portada-mayo-agosto-08.jpg
Consejo de dirección:
Abel Wachsmann, Rafael Menicucci, Teodoro Hidalgo
Consejo Editorial:
Teodoro Hidalgo, Ginny Taulé, Mario Pujols, Laura Calventi, Limay González, Raúl del León, María Mercedes
Editora Ejecutiva:
Ginny Taulé
Asistente Editorial:
María Mercedes
Colaboradores:
Mario Rivadulla, Miguel Guerrero, Roosevelt Comarazamy, Alejandro Castelli
Edición, diseño y producción:
L. Periche Agencia Creativa
Fotografías:
Francisco Manosalvas, Luis Nova, Istockphoto.com
Ilustración:
Kilia Llano
Publicidad:
Lourdes Cisneros
Impresión:
Editora AA
Ilustración de portada:
Maglio Pérez

El Leoncito es una publicación cuatrimestral registrada legalmente en la Secretaría de Estado de Interior y Policía con el Nº 892 del año 1965.
E-mail: el.leoncito@elj.com.do
www.glj.com.do
www.cnd.com.do
www.centroleon.org.do
Centro de Atención y Servicio:
Tels. 809-487-3802, 809-487-3803
(desde el interior sin cargos) 1 809-200-3802
centro.atencionalcliente@elj.com.do