Personajes - Revista El Leoncito

El tiranicidio según Balcácer

Balcácer concedió una entrevista a El Leoncito con motivo de haber resultado ganador del Premio Eduardo León Jimenes 2007, otorgado en la Feria Internacional del Libro de este año, con su voluminosa obra Trujillo: El tiranicidio de 1961. Según el laureado autor, en el país “han habido sectores interesados” en sepultar la memoria de esos trágicos años de tiranía. Reproducimos a continuación el contenido de la entrevista.

P.- El éxito de librería de muchos libros sobre la figura y el régimen despótico de Trujillo parecen indicar que el tema sigue vivo en la conciencia nacional. ¿Lo cree usted así?

R.- Claro que sí. Todo cuanto se refiere al personaje de Trujillo o a su régimen dictatorial atrae el interés de jóvenes y adultos por la sencilla razón de que en los últimos cinco lustros han sido publicados, y continúan publicándose, tanto por investigadores dominicanos como extranjeros, novedosos enfoques en torno a múltiples aspectos de aquel sistema totalitario que, entre 1961 y 1980 (para establecer un punto límite), se mantuvieron al margen del conocimiento de la generalidad de los según Balcácer Por Miguel Guerrero El tiranicidio el leoncitO 31 dominicanos. Naturalmente, hay algunas excepciones de autores extranjeros, pero éstas estuvieron limitadas a las escasas fuentes oficiales entonces disponibles. Tal y como expresé la noche de la entrega del Premio Eduardo León Jimenes, en nuestro país han habido sectores interesados en que una parte importante de la historia política dominicana contemporánea, específicamente de la llamada Era de Trujillo, permanezca sepultada en el olvido colectivo.

P.- ¿Qué hace su libro diferente a tantos otros que se han publicado sobre la trama que culminó en el asesinato del tirano el 30 de mayo del ya lejano 1961?

R.- Para responder esta pregunta, deseo referirme a cinco aspectos. Uno. Considero que mi libro, visto en su conjunto, es un estudio de la conspiración que se ha dado en llamar del 30 de mayo. En este sentido, se diferencia de la mayoría de los libros que analizan el régimen de Trujillo lo mismo que al personaje desde una perspectiva biográfica, pues el análisis del hecho político del 30 de mayo se centra en lo que la corriente historiográfica francesa de los Annales llama “el estudio de la historia episódica o del acontecimiento”, cuyas consecuencias, por lo regular, no se manifiestan a corto plazo, sino en lo que el prestigioso historiador Fernand Braudel llamó “la larga duración”. Dos. Lo que otros autores analizan en apenas un capítulo o tal vez en varios párrafos, esto es, el complot que culminó con el ajusticiamiento del sátrapa, en mi libro es examinado desde diversos ángulos a lo largo de todo el texto, y si bien el mismo está estructurado en doce capítulos que tratan temas diversos, en realidad, todos esos capítulos, vistos como un todo, convergen sobre el mismo acontecimiento. Tres. En mi estudio sobre la conspiración del 30 de mayo y sus principales protagonistas intento hacer una reinterpretación de los hechos de conformidad con documentos y testimonios que otros autores examinaron soslayando, en sus análisis, los aspectos que he privilegiado para reconstruir mi versión de aquellos acontecimientos. Cuatro. Intento demostrar que la campaña mediática del gobierno trujillista bajo la dirección de Ramfis Trujillo y Joaquín Balaguer, una vez desaparecido el sátrapa, influyó de manera considerable en los primeros autores extranjeros y dominicanos que escribieron sobre el hecho heroico de la avenida y, por tales motivos, ha prevalecido una versión un tanto contaminada del acontecimiento y sus principales personajes. Y, cinco. En mi libro hago un esfuerzo por reivindicar determinados personajes, injustamente injuriados, como fue el caso del general José René Román Fernández. Creo que he sido uno de los pocos autores que se ha decidido por replantear el rol que le correspondió desempeñar a determinados personajes. Estoy convencido de que si ese ejercicio se hace sobre la base de las diversas fuentes históricas disponibles y conforme a las técnicas heurísticas y hermenéuticas de las ciencias históricas modernas, otras deberán ser las conclusiones a las que arriben los investigadores y escritores que exploren el referido tema.

P.- En su discurso de agradecimiento en la entrega del premio usted dijo que la noche del 30 de mayo se “liquidó físicamente” al tirano, ¿significa que aún vivimos la herencia de esa época? R.- Ciertamente, la noche del 30 de mayo de 1961 el dictador Trujillo fue liquidado físicamente, pero no así su régimen dictatorial. Es un error creer que la dictadura concluyó con la muerte de Trujillo. Recuerde que los conjurados se impusieron como meta dos fases: primero, el ajusticiamiento del tirano, y, segundo, derrocar el gobierno trujillista mediante un golpe de Estado. Pero, como se sabe, esa segunda fase no pudo completarse, ni siquiera iniciarse propiamente hablando, por lo que no fue posible que en 1961 se produjera un “18 Brumario” en el país. Tomó bastante tiempo desmontar la maquinaria totalitaria que instauró Trujillo. Pienso que 1978, esto es, el final de los llamados “doce años” de Joaquín Balaguer, quien, como bien ha puesto de relieve el doctor Frank Moya Pons, en más de un sentido fue una continuación del esquema trujillista de dominación, es el año a partir del cual se inicia en Santo Domingo el verdadero proceso de institucionalización y democratización del Estado dominicano, proceso, naturalmente, que todavía se encuentra en una avanzada fase de perfeccionamiento.

P.- ¿Se cuenta nuestra historia reciente, es decir, la que se refiere a los últimos cien años, y especial- El Premio Don Eduardo León Jiménes es un reconocimiento de inestimable valor para un escritor. 32 el leoncitO mente la referente a la llamada Era de Trujillo, con imparcialidad y sin tabúes?

R.- La circunstancia de que existen ya historiadores profesionales, analistas, sociólogos, politólogos y escritores de reconocida solvencia moral y profesional, es una demostración inequívoca de que la historia dominicana contemporánea ha sido objeto de numerosos estudios objetivos. Por objetividad se entiende que los estudios que se realizan conforme a las técnicas de investigación modernas de las ciencias sociales, que se respetan las fuentes fidedignas sobre las que se basan los estudiosos, y que, sobre todo, las conclusiones a las que arriban esos autores en torno a determinados temas pueden ser constatadas por otros investigadores. Ello, desde luego, no implica que el o los autores se eximan de emitir juicios de valor, o de identificarse, ya sea ideológica o políticamente, con determinada facción o personaje de nuestra historia. Primero, se trata de un derecho inherente a todo ser humano y, segundo, es prácticamente imposible lograr que se produzca un estudio sobre historia política en el que no aflore cierta parcialidad del autor.

P.- ¿Qué conclusión puede extraerse de su libro sobre esa oscura época de la vida nacional?

R.- Que las aberraciones y monstruosidades de que son capaces ciertos hombres con tal de mantener el control absoluto del Estado, sobre la base de la fuerza y de la represión contra sus opositores políticos, jamás vuelvan a repetirse en nuestro país.

P.- ¿Cree usted que existe nostalgia de esa era?

R.- Creo que sí. Que todavía hay personas (escasas, pero las hay) que evocan con no disimulada nostalgia aquella era que, como afirmo en la introducción de mi libro, “lesionó casi de manera permanente al alma colectiva de los dominicanos”. Pero se trata de un reducido grupo de personas que no constituyen, digamos, un movimiento político que abogue por el retorno del trujillismo. Con Rafael Leonidas Trujillo, a 47 años de su fatídico régimen, sucede lo mismo que hacia 1961 ocurría con el lilisismo, que entonces casi nadie recordaba ni abogaba por una organización política que tuviera a Ulises Heureaux, Lilís, como símbolo inspirador. Se argumentará que proliferan los estudios sobre Trujillo y su régimen despótico, pero ello obedece, fundamentalmente, según mi criterio, a que todavía hay aspectos oscuros de la llamada Era de Trujillo que son desconocidos por las nuevas generaciones. El símil entre Lilís y Trujillo lo establezco sólo para que el lector capte la idea de que después de cuatro decenios de haber superado un régimen tiránico como el de Trujillo, las posibilidades son mínimas de que un fenómeno parecido vuelva a repetirse en la República Dominicana del siglo XXI.

P.- ¿Culmina este libro su interés por Trujillo y lo que su régimen representó para el país?

R.- No necesariamente. Pero ahora estoy interesado en explorar la evolución de la sociedad dominicana contemporánea.

P.- Se ha dicho que los pueblos que olvidan su pasado corren el riesgo de repetirlo. En lo que concierne al trujillismo, ¿es posible que volvamos a situaciones como las que el país vivió durante esos 31 años?

R.- La célebre frase del filósofo Jorge Santayana, “los que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo”, ha sufrido muchas variaciones. La remota posibilidad –bastante remota, considero– de que en el país se produzca no un retorno al “trujillismo”, sino la imposición de un modelo de gobierno antidemocrático y, por tanto, dictatorial, es un augurio típico de los tantos “agoreros” que abundan en nuestro país. El pueblo dominicano se ha acostumbrado a vivir en democracia y cada nuevo día se continúan perfeccionando nuestras instituciones políticas, de forma tal que el sistema de la democracia funcione conforme lo hace en otras sociedades más avanzadas. No debe olvidarse la revolución de Abril de 1965, que luego se trocó en Guerra Patria, y que constituyó el inicio de la ruptura definitiva con el ancien régime de la dictadura. Ese movimiento popular fue la expresión de una gran parte del pueblo dominicano que deseaba vivir al amparo de un régimen auténticamente democrático, que deseaba una constitución liberal, no autocrática, y me parece que esa misma mayoría, hoy mucho más numerosa y mucho mejor edificada respecto de sus derechos ciudadanos, haría cuanto esté a su alcance para enfrentar a quienes intentaren contravenir esa aspiración colectiva, que es vivir en una sociedad democrática.

P.- La Feria Internacional del Libro y el Premio Eduardo León Jimenes tienen como objetivo promover el hábito de la lectura y expandir la cultura dominicana, ¿cree usted que los jóvenes aprecian ese esfuerzo?

R.- Claro que un gesto de esa naturaleza es valorado y apreciado en su justa dimensión, tanto por la juventud interesada en cultivar el intelecto, como por escritores noveles y profesionales.

P.- ¿Qué significado tiene para un escritor el Premio Eduardo León Jimenes, que usted ha recibido?

R.- El Premio Eduardo León Jimenes es un reconocimiento de inestimable valor para un escritor, no necesariamente por la dotación pecuniaria, sino, sobre todo, por la proyección y trascendencia que el mismo tiene y por el sólido prestigio de sus auspiciantes. En mi discurso de agradecimiento expresé que me sentía honrado al recibir, dentro del marco de la XI Feria Internacional del Libro, el Premio Eduardo León Jimenes al libro que el jurado consideró “el mejor libro del 2007”, por tratarse de un grupo, como el Grupo León Jimenes, que constituye un auténtico paradigma de gestión empresarial en el país. Un verdadero modelo de lo que, dentro del sistema-mundo moderno, debe ser el empresariado que a un tiempo se ocupa de desarrollar una industria exitosa, generar empleos, contribuir al fisco de manera transparente, y, además, realizar importantes inversiones sociales a través del fomento de la cultura popular, las bellas artes, el cultivo del intelecto y de la literatura.

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