Economia - Revista El Leoncito

El tratado de libre comercio con los Estados Unidos

Nadie puede negar que el futuro económico de nuestro país está íntimamente relacionado con la capacidad que tengamos de generar divisas, pues sólo así podremos adquirir en el exterior una cantidad creciente de bienes y servicios que son indispensables para nuestro desarrollo económico y social. En consecuencia, la tarea más importante que tenemos por delante en el campo económico es determinar cómo vamos a poder aumentar todos los años nuestras exportaciones de bienes y servicios, y así lograr ingresos de divisas en cantidades suficientes para impulsar nuestra economía.

En este contexto es que tenemos que analizar los beneficios que nos podrá proporcionar el tratado de libre comercio firmado recientemente con los Estados Unidos de América (DR-CAFTA), cuya entrada en vigencia está prevista durante el presente año 2006. Los Estados Unidos constituyen el mercado de consumo más grande del mundo. En el año 2005 esa nación importó la astronómica cifra de 1,666 mil millones de dólares, o sea, aproximadamente un 20 por ciento del comercio mundial, por lo que todos los países del mundo tienen como principal objetivo comercial la conquista de ese mega mercado.

Por su cercanía geográfica, la República Dominicana tiene una ventaja comparativa que debe tratar de explotar al máximo. Pero no podemos olvidar que desde mediados de la década del ochenta la mayoría de las exportaciones dominicanas ingresan libres de impuestos a los Estados Unidos, bajos los beneficios de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe y el Sistema Generalizado de Preferencias. En efecto, actualmente nuestras exportaciones totales a ese país sólo pagan impuestos de importación del orden del 1.1 por ciento del valor exportado, y de éstos, el 87.0 por ciento corresponden a las exportaciones de textiles.

Sin embargo, y a pesar de esas excepcionales ventajas comparativas, durante estas dos últimas décadas hemos sido sumamente tímidos con nuestras exportaciones a los Estados Unidos, excepto en el caso de los productos elaborados en nuestras zonas francas, especialmente las manufacturas textiles.

En este sentido, debemos entender que el DR-CAFTA no significará que nuestros productos pagarán menos impuestos de importación en los Estados Unidos, pues como se ha señalado desde hace más de 20 años no pagan prácticamente nada. La bondad principal del tratado es que nos asegura que seguiremos disfrutando en el futuro las preferencias que tenemos hoy. Esto proporcionará a potenciales inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, un marco de negocios mucho más seguro y permanente que esperamos los estimulará a explorar nuevas oportunidades de negocios entre ambos países. Esta seguridad también se verá fortalecida por una serie de disposiciones legales contractuales que contiene el tratado en materia de inversiones, propiedad intelectual y otras.

Asimismo, el DR-CAFTA representará algo más que la consolidación de ventajas comerciales, pues este acuerdo obligará a nuestro sector público a ser más eficiente y transparente, especialmente en lo que se refiere a las compras gubernamentales, al cumplimiento de las reglas que rigen las inversiones, al cobro de los tributos, en la aplicación de las normas ambientales, en el respeto de la propiedad intelectual y en otros aspectos igualmente importantes.

De igual manera, obligará al sec- Por su cercanía geográfica, la República Dominicana tiene una ventaja comparativa que debe tratar de explotar al máximo. tor privado a ser más competitivo, debido a los retos que la apertura de nuestro propio mercado exigirá a las empresas nacionales. Bastaría con recordar que, excluyendo las zonas francas, un 65 por ciento de las importaciones provenientes de los Estados Unidos se liberalizarían inmediatamente, otro 25 por ciento en los primeros 5 años, y el 10 por ciento restante en un plazo máximo de 10 años, salvo algunas pocas excepciones.

Basándose en lo anteriormente expuesto, aunque los beneficios adicionales que potencialmente nos ofrecerá el DR-CAFTA no se puedenconsiderar como determinantes para producir, por sí mismos, un impulso considerable de la economía dominicana, el país debe aprovechar esta coyuntura para sacar provecho a una serie de oportunidades reales que han estado presentes en el mercado norteamericano por muchos años y que ahora se nos ratifican con más elocuencia.

Por lo tanto, lo que realmente nos ofrece el DR-CAFTA es un motivo real o aparente para que nos decidamos una vez por todas, como nación, a organizarnos internamente para encarar la competencia internacional en nuestro propio mercado y a asumir el reto de las exportaciones, especialmente en estos momentos en que el comercio internacional está mostrando cambios significativos con la agresiva entrada en escena de nuevos actores, lo que está modificando rápidamente la composición y dirección del mismo.

Los potenciales beneficios comerciales se podrían presentar en todas aquellas actividades productivas, ya sean agrícolas o industriales, que utilicen intensamente la mano de obra, con la condición de que puedan competir en salarios y productividad con otros países. También en actividades que requieran un suministro rápido que ayude a reducir costos de inventarios, donde la proximidad geográfica con los Estados Unidos nos proporciona cierta ventaja relativa. Otra gama de productos con potencialidades son los artesanales o semiartesanales, que no pueden ser fabricados en serie, los cuales tienen una creciente demanda en los consumidores de altos ingresos. Igualmente, serán favorecidos aquellos productos que por razones naturales se producen en estas latitudes.

Tomando en consideración estas condiciones podemos ir identificando las oportunidades. En este sentido, ya algunos organismos gubernamentales están realizando estudios que pronto estarán a disposición de los interesados, donde se señalan numerosos ramas de producción que presentan buenas perspectivas.

De la misma forma, podemos ir descartando, por el momento, y para fines de exportación, todas aquellas actividades productivas que requieren mano de obra altamente calificada, un avanzado desarrollo tecnológico (excepto los de mano de obra intensiva), cuantiosas inversiones iniciales, amplias economías de escala, energía abundante y a costo competitivo, fuertes inversiones en investigación y desarrollo, grandes extensiones de terrenos, climas templados, así como todas aquellas que demandan la existencia de otros factores de producción que no están actualmente disponibles en nuestro país.

Específicamente se presentarán algunas oportunidades en el sector agrícola en la producción de vegetales que requieran la utilización de mucha mano de obra, tanto en la siembra como en la recolección de los productos, especialmente aquellos que se cultivan haciendo uso de modernas técnicas que están al alcance de productores nacionales tales como invernaderos, riego por goteo, adaptación de semillas y otras. También se vislumbran oportunidades en algunos frutos tropicales, como el mango y el aguacate, que son propios de nuestras latitudes y donde la siembra y cosecha no se hacen mecánicamente.

En cuanto a la industria, especialmente aquella fuera de las zonas francas, sólo habrá futuro, tanto en el mercado nacional como en el extranjero, si el país adopta, con la debida seriedad, un plan de competitividad donde se solucionen una serie de obstáculos que afectan la producción, entre los cuales se encuentran: la deficiencia del sector energético, un régimen impositivo que penaliza las exportaciones, los trámites y manejos aduanales, las altas tasas de interés bancarias, así como la ausencia de una agresiva política de promoción y fomento de las exportaciones.

En conclusión, el DR-CAFTA debe verse como un reto y una oportunidad para hacer los cambios internos que necesitamos con urgencia, tanto en el sector público como en el privado. De lo contrario, con este tratado o sin él, el país no podrá enfrentar exitosamente las corrientes de libre comercio que se están imponiendo en el ámbito mundial.

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